Suspendida entre lo onírico y lo cotidiano, la obra de Concha Ybarra (Sevilla, 1957) emerge a través de una factura orgánica pero acompasada, donde el uso cromático y las formas que transitan entre lo abstracto y lo figurativo, le otorgan un marcado ritmo lírico. Latente, en sus pinturas y cerámicas, una vibración serena y expresiva evoca a lo atávico, como un ritual donde convergen la memoria y un presente implacable. Así, Las estrellas callan, la luna sueña reúne una suerte de escenas que parecen surgir del umbral entre el sueño y la vigilia, pero que nunca resultan ajenas a los ojos que las observan.
_Guillermo Amaya Brenes






